

Umbrales de fuego se configura como un territorio de tránsito, donde la escritura opera sobre el borde entre lo que se recuerda y lo que se desvanece. Cada relato articula una poética de la fisura: allí donde la experiencia no se presenta como totalidad, sino como fragmento encendido, resto que insiste. El libro convoca escenas íntimas — la infancia expuesta al estallido doméstico, el insomnio que tensiona la subjetividad, la transmisión silenciosa del trauma, la irrupción de lo sobrenatural en lo cotidiano— y las dispone en una constelación que rehúye la linealidad narrativa tradicional.
La noción de “umbral” funciona como figura central: espacio transicional donde la herida y la cicatriz coexisten, donde el sentido se mantiene en suspenso y la voz se despliega sin fijarse del todo. Los relatos se sostienen en una sensibilidad que privilegia el detalle como revelación, el gesto mínimo como inscripción de lo indecible. La hoja en blanco que palpita, el viento que porta nombres olvidados, el reloj que late al revés, la corneta silenciosa como reliquia espectral: imágenes que no buscan ilustrar, sino producir resonancia afectiva y simbólica.
Lejos de clausurar significados, el libro abre un campo de vibración. Su escritura convoca al lector a ocupar ese espacio de pasaje, a reconocer en la experiencia ajena el eco de la propia. Umbrales de fuego es, finalmente, una invitación a habitar la frontera entre la memoria y el olvido, entre lo que arde y lo que persiste en las cenizas.
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11 6011-0453 |
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