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En los últimos años, la literatura ha encontrado nuevas formas de abordar la memoria del pasado reciente. En Interpretar la ausencia, de Acercándonos Ediciones, Nadia Jiménez, su autora, propone una lectura profunda del libro álbum como un espacio donde palabras e imágenes se entrelazan para narrar aquello que muchas veces resulta difícil de decir. A partir del análisis de distintas obras, la autora reflexiona sobre cómo este género puede contribuir a transmitir experiencias vinculadas al terrorismo de Estado y a la construcción de la memoria colectiva. En esta entrevista, conversamos con Jiménez sobre su investigación, los desafíos de narrar la ausencia y el lugar que la literatura puede ocupar en la transmisión de la historia.
— En Interpretar la ausencia abordás el libro álbum como un espacio donde texto e imagen dialogan para narrar memorias difíciles de nombrar. ¿Cómo surgió tu interés por investigar este género en relación con el terrorismo de Estado? — Surgió de una experiencia en mi trabajo como docente. Leí un cuento, libro álbum, con un grupo de estudiantes donde se abordaba la dictadura y la lectura que hizo una de las estudiantes fue otra, lo vinculó a una experiencia personal, muy lejos del terrorismo de Estado. Fue a partir de ahí donde decido hacer el camino inverso y en lugar de buscar cuentos sobre la dictadura, busqué libros álbum, para potenciar sus características, que narren en sus historias una ausencia física sin una explicación directa. Así comenzó un recorrido teórico y literario que me permitió seleccionarlo como tema de tesis para mi Licenciatura en Letras y centrarme en la interpretación. Coincidió también por el contexto negacionista actual que estamos atravesando. — ¿De qué maneras puede representarse la ausencia dentro de un relato que combina palabra e imagen? — Yo tomo una única categoría que es la de la ausencia y a partir de ahí recorro qué elementos del libro álbum, como el silencio y lo no dicho, permiten comprender cómo se construyen esas ausencias. Es por eso que a lo largo de los seis cuentos que conforman el corpus literario que investigo puedo arribar que la ausencia se representa en silencio, muerte y desaparición. — A lo largo del libro aparece la pregunta por cómo transmitir el pasado reciente a nuevas generaciones. ¿Qué posibilidades ofrece el libro álbum para abordar temas vinculados con la memoria histórica y los derechos humanos? — Creo que al potenciar ese silencio, eso no dicho, abre múltiples interpretaciones y esa es una gran posibilidad para habilitar la palabra, lo que interpela a las nuevas generaciones. Muchas veces el hecho histórico en sí queda sujeto y los lenguajes artísticos amplían esas miradas, dan lugar a una sensibilidad que permite ir más allá y creo que a las nuevas generaciones también les habilita a opinar sin tantos temores y a dejarse interpelar por el dolor del horror a pesar de la distancia generacional con el hecho histórico. — ¿Qué desafíos aparecen al trabajar con un período tan doloroso de la historia argentina desde un formato que muchas veces se asocia con lectores jóvenes? — El gran desafío es derribar la subestimación que muchas veces tiene la literatura infantil, no es algo menor, no maquilla la realidad. Los textos seleccionados tienen calidad literaria y un tratamiento del lenguaje que posibilitan un aporte para hablar del tema, para despertar interés, para acercar, para conmover. — En tu investigación también señalás la importancia de la dimensión estética en estos relatos. ¿Cómo dialogan las ilustraciones con el contenido histórico y emocional que atraviesa las obras analizadas? — No dialogan en forma directa y eso es lo que potencia el relato. No hace falta una imagen del horror explícito, estas ilustraciones sugieren y evocan de una manera tan peculiar el horror que permiten que las nuevas generaciones lo dimensionen. Creo que abren el juego con aquello que no se puede imaginar. Y también se vincula con el desafío de cómo hablar con las nuevas generaciones de la dictadura. Las nuevas generaciones no pueden imaginarse lo ocurrido y creo que ahí radica la posibilidad nuestra, como docente en mi caso, de mediar con lecturas para interpelar. — ¿Qué lugar pensás que ocupa hoy la literatura en la construcción y transmisión de la memoria colectiva sobre el pasado reciente? — Yo creo que ocupa el lugar de una posibilidad y ante tantos discursos de crueldad y negacionismo, nos urge agotar todas las posibilidades para construir y transmitir memoria. — Después de recorrer distintas obras y lecturas en Interpretar la ausencia, ¿qué reflexión o pregunta te gustaría que permanezca en quienes se acerquen al libro? — Me gustaría que permanezca la pregunta de cuáles son las formas de contar la ausencia de los 30.000 detenidos desaparecidos en nuestra sociedad, con la certeza de que no hay una única, hay muchas que van cambiando con el tiempo por eso la necesidad de seguir buscando cómo narrar y leer el horror para pensar el pasado desde el presente y hacia el futuro. Las reflexiones de Nadia Jiménez invitan a pensar la literatura no solo como una forma de expresión artística, sino también como una herramienta para interrogar el pasado y sostener la memoria. En ese cruce entre palabra e imagen que propone el libro álbum, aparecen nuevas maneras de acercarse a historias marcadas por la ausencia, pero también por la necesidad de seguir contando. Interpretar la ausencia abre así un espacio de lectura y reflexión que busca tender puentes entre generaciones y mantener viva la pregunta por cómo narramos nuestra historia reciente. |
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